viernes, 21 de julio de 2017

Soberanismo regresivo

En este blog hemos defendido que las posturas del soberanismo estaban más evolucionadas que las del unionismo. Nuestra tesis es que el soberanismo tradicionalmente se veía apoyado desde la estructura sensible-pluralista Verde -que no es la mayoritaria en nuestra sociedad- y sólo consolidó su éxito cuando incorporó los valores logro-racional del estadio anterior al Verde, el Naranja. En otras palabras: «tengamos para nosotros un Estado (catalán) más eficiente, porque el que ahora tenemos (español) no nos sirve». Es el proceso político que se desencadenó con el fracaso del Estatut conjuntado la crisis económica.
La respuesta del Estado y del unionismo, al estar profundamente anclada en los valores Ámbar/Azul, ha generado un conflicto entre las dos posiciones que no ha hecho más que crecer. Como explica la Teoría Integral (véase el texto de Ken Wilber arriba a la izquierda de este blog), cada estructura de conciencia ve el mundo desde su propio nivel y no puede ver a la otra desde dentro.
Sin embargo no todo el soberanismo está más evolucionado. Un ejemplo es este cartel que se ha visto colgado por las calles. En otros posts ya hemos argumentado como en este conflicto está actuando una sombra colectiva no reconocida de Catalunya y España. El mecanismo de proyección de la sombra contra «el otro» funciona a toda máquina, y a medida que se acerca el choque institucional entre las dos legitimidades, emociones como el miedo y la ira, habitualmente a buen recaudo en la sombra, empiezan a proyectarse sobre el «otro» con más virulencia.
En este caso se parte de algo muy propio del nivel Verde: las heridas causadas por el franquismo en la conciencia colectiva catalana. Un poso de terror, miedo e impotencia que no se ha limpiado (una impotencia que ha alimentado el clásico victimismo catalán, típica sombra delcatalanismo de la que ya hemos hablado). Por supuesto que no ha ayudado a limpiar la falta de reconocimiento por parte de los herederos del franquismo del dolor que ha causado mantener España unida. En el nivel Verde, sin embargo, las «políticas de la identidad» típicas del pluralismo postmodernista están exacerbadas. Una de las características de esas «políticas de la identidad» postmodernas es el victimismo para eludir la responsabilidad individual. En el estadio anterior al Verde, el Naranja, un aspecto nuclear es el logro individual. En su ansia de diferenciarse del Naranja, el Verde subraya lo estructural que subyace en lo individual («lo personal es político» suelen decir). Estas «políticas de la identidad» postmodernas son aún más diferentes de la sólida identidad del unionismo español, basada en los valores Azul/Ambar que tiene como núcleo las reglas claras y la represión de los impulsos egoístas.
El soberanismo ve en el referendum del 1-Oct como una oportunidad de dejar atrás la rígida estructura Ámbar del actual Estado. Por un lado, por su ineficiencia económica (lo que se ha venido a llamar la «casta extractiva», «capitalismo de amiguetes», «empresas del BOE», etc), es decir una evolución hacia Naranja sano. Por otro lado, por su nacionalismo uniformizante («aquí nadie es especial») que tan mal tolera la diferencia, en este caso la lengua y cultura catalanas: una evolución hacia el pluralismo Verde. Es un proyecto evolutivo que ha ilusionado a gran parte de la sociedad catalana.
Sin embargo, en este proyecto evolutivo se cuelan estos elementos regresivos como el de este cartel que vienen a decir «Si no estás con el soberanismo (el referéndum 1-Oct), entonces eres un fascista enemigo de la democracia». Otra vez la claridad Ámbar en que el Bien está perfectamente diferenciado del Mal y no caben componendas entre ellos. Un discurso análogo al que ya hemos analizado aquí del unionismo Ámbar que entiende que quien se opone al Bien que representa la unidad de España sólo puede ser un egoísta de nivel Rojo: nazi, talibán, antisistema, adoctrinado...
Lo más paradójico es que este cartel lo ha promovido sectores de la ultraizquierda claramente identificados con las «políticas de la identidad» postmodernas (feminismo, antitaurinos, etc) y los que más se han ofendido precisamente han sido los otros sectores de la ultraizquierda cuya pureza Verde de sus «políticas de la identidad» les impide contaminarse y participar en un proyecto político que incluya a la derecha burguesa Naranja del PDCat. Són los aspectos que caracterizan el vMeme Verde insano: al haber emergido a partir de los valores Naranja, en lugar de incluirlos, se quiere desidentificar tanto de ellos que los rechaza y entonces cae en una regresión Roja o Ámbar  

viernes, 23 de junio de 2017

La incapacidad del unionismo Ámbar para manejar la complejidad actual

En el último post argumentaba que “Esos salvadores y sus herederos se sienten orgullosos de que, la España que construyeron a partir de esa negación y exclusión de la “anti-España”, haya llegado a ser medianamente próspera, y a eso se aferraban (“España va bien”…) hasta que se ha manifestado su incapacidad para gestionar la vigente crisis”. Voy a tratar de explicar el fundamento esta incapacidad, que en mi opinión tiene que ver con el peso dominante de la visión del mundo Ámbar mítico-pertenencia.
Uno de los principales problemas para abordar la vigente crisis ha sido la baja calidad de nuestro Estado democrático. La democracia es un logro propio del estadio que sigue al Ámbar: el Naranja logro-racional. En este estadio Naranja ya están consolidados dos principios fundamentales de una democracia auténtica como son la rendición de cuentas y la separación de poderes. En el estadio Ámbar el fundamento del poder no está en el contractualismo social, como así se manifiesta en la clase dirigente española. Ante los escándalos continuos de corrupción en el núcleo mismo de los centros de poder -a un nivel inaudito en toda la Unión Europea- la respuesta ha sido no darse por aludido, la proyección infantil del “¡y tu más!” para no asumir responsabilidad y la ausencia de rendición cuentas. Todo esto favorecido por la colusión del poder económico, mediático, político y judicial (lo que periodísticamente denominan “el palco del Bernabeu”, por ejemplo).
Gran parte de la sociedad española no ha exigido a sus dirigentes rendir cuentas ni tampoco una efectiva división de poderes porque en el estadio Ámbar no se considera necesario. Así se vió en las últimas elecciones. Hay estudios que muestran la continuidad de los apellidos que se sientan en los consejos de administración del IBEX 35 con los jerarcas del franquismo (sumado a las puertas giratorias, colusión con el poder mediático y también judicial etc). España es suya, es su obra. Una obra de la que se sienten orgullosos. La narrativa de los vencedores de la Guerra Civil es la del sacrificio que realizaron para “salvar” España y llevarla a lo que hoy es. Por supuesto que hubo ese sacrificio por parte los vencedores, porque las salvajadas de la Guerra Civil las padeció todo el mundo. Otra cosa es que generaciones después todavía se constriña la percepción y sólo pueda verse el dolor sufrido pero no el dolor causado. Ahí es donde actúa la sombra colectiva: el dolor no reconocido que está actuando en el holón España.
En el estadio Ámbar mítico-pertenencia el fundamento del poder no se encuentra en el consentimiento de los gobernados que ponen a los dirigentes en su lugar (teoría del contrato social) sino en una asignación de lugares ya dada (por eso es mítico) y que cada parte -gobernantes y gobernados- debe someterse a la función que le toca según el lugar que ocupa, porque siempre ha sido así. Sea por derecho divino o por los sacrificios pagados para salvar España. Las elecciones democráticas son el trámite para ratificar lo que las elites previamente ya han decidido. El IBEX 35 es quien crea los puestos de trabajo en España, el pueblo pues debe estarle agradecido por la prosperidad que le viene creada desde arriba. Las críticas deben ignorarse -por eso la escandalosa sumisión de los mass media al poder económico- ante su benefactora función en aras de la prosperidad de esa España por la que tanto se han sacrificado. Fuera de la seguridad Ámbar sólo aguarda el caos y la destrucción (eso que ahora parece traer el soberanismo catalán…). El Ámbar ofrece seguridad porque el Bien y el Mal están perfectamente delimitados y no se someten a discusión o negociación, sólo cabe el acatamiento y que cada parte de la sociedad cumpla con su deber; así es como se superó el anterior estado tribal Rojo.
La fidelidad de la clase dirigente española a la narrativa Ámbar, a pesar de que ya se han sucedido varias generaciones desde la guerra Civil, es lo que pone de manifiesto su incapacidad dado que no puede comprender ni integrar bien los siguientes estadios Naranja y Verde que también están presentes en nuestra sociedad. De momento vemos un replegamiento agresivo sobre los valores Ámbar. Ante la amenaza del Mal -¡la rotura de España! ¡el regreso a las tribus!- frente a ese Bien -la unidad de España que tantos sacrificios ha costado- , se degrada la independencia del poder judicial hasta ponerlo a la cola de Europa y se incrementa el control de los aparatos del Estado, como por ejemplo la policía política que fabrica pruebas contra políticos soberanistas, sabiéndose impune no sólo por el amparo del gobierno sino también porque una parte de la sociedad española está dispuesta a creerse cualquier relato que refuerce esa visión Ámbar en que el “otro” (el político soberanista, en este caso) es el Mal y por tanto sólo puede ser un corrupto, un nazi, un burgués egoísta o un antisistema. 
Cuando ese “otro” es un soberanista Rojo o Ámbar -que los hay-, encaja perfectamente con la alarma del unionista Ámbar que ve su Bien amenazado. Mi tesis es que el soberanismo, sobre todo, es Naranja y Verde, algo que desde la altura Ámbar -dominante en el unionismo- no se puede contemplar, por eso reinterpreta todo el soberanismo como un movimiento regresivo Rojo, identitario y egocéntrico, y además le sirve para proyectar ahí su sombra. De ahí la dificultad de comprensión entre ámbas partes, un wicked problem.

domingo, 28 de mayo de 2017

La sombra del holón España y la negación de partes que lo componen

Entre el soberanismo se han hecho muchos chistes y bromas de cuánto se le debe al PP por haber empujado a tantos catalanes a querer la independencia. En psicología se dice que cuando no reconoces tu sombra y no la integras, ésta te domina. Ya escribí sobre la paradoja que los que más se autoproclaman como los «defensores de la unidad de España» y más declaran su amor por ella son los que más han ayudado a la consolidación del movimiento soberanista, es decir, a la rotura de España. De ahí podemos concluir que está actuando una sombra colectiva. Mi tesis es que esta sombra colectiva tiene su origen en las heridas aún vivas de la Guerra Civil de 1936 a 1939. La sombra son aquellos elementos del propio ser que no se quieren reconocer como propios, se escinden, se alienan y, como indudablemente continuan activos, acaban proyectándose en un «otro».
Sobre el soberanismo están cayendo una acusaciones que entre si son llamativamente contradictorias y que el unionismo no se percate tales contradicciones tiene que ver con el peso de la visión Azul/Ámbar mítico-pertenencia dominante en él. Por un lado se le acusa de ser una maniobra de la «burguesía catalana», lo que antes se llamaba «gente de orden», para perpetuarse en su avaricia, su egoísmo y sus privilegios; el liberalismo clásico burgués es un de los demonios de esa visión del mundo Ámbar. Por otro lado, se acusa al soberanismo de estar dirigido por radicales, populistas y antisistema que precisamente amenazan a la gente de orden, pretenden romper la ley y acabarán con la paz, la prosperidad y el trabajo. La poca coherencia de ambas acusaciones (¿burguesía egoísta o radicales antisistema?) cuando se las pone juntas es lo que me hace pensar en un síntoma, es decir, que la popularidad de estas acusaciones no se basa tanto en una argumentación racional -como hicieron los unionistas en Escocia con el «better together» que al final les dió la victoria- sinó en una expresión emocional de la sombra.
En la jerga integral se llama «Holón» a una totalidad que es parte de una totalidad mayor. El holón  Catalunya estaría dentro del holón España que a su vez forma parte del holón Unión Europea y así. Los vencedores de la Guerra Civil justificaron sus crímenes, sus latrocinios y la dictadura “por España y su unidad”. Nunca hubo una petición expresa de perdón, nunca se miró a los ojos de las víctimas ni se sintió verdaderamente su dolor, nunca se asumió todas las vidas y energías españolas que se truncaron, pues “la salvación de España” frente a la “anti-España” lo justificó todo. Mientras en europa se revoca los juicios contra los homosexuales del sXX o o se reconoce el genocidio armenio de hace un siglo (excepto Turquía) España se ha negado a anular el juicio con que se fusiló a Companys. Entre los perdedores de la Guerra Civil también actúa una sombra de victimismo y resentimiento, como en mi opinión es la sombra que nos caracteriza a los catalanes.
Esos salvadores y sus herederos se sienten orgullosos de que, la España que construyeron a partir de esa negación y exclusión de la “anti-España”, haya llegado a ser medianamente próspera, y a eso se aferraban (“España va bien”…) hasta que se ha manifestado su incapacidad para gestionar la vigente crisis. La Transición fue un pacto para no mirar atrás, quizás en 1978 no se podía hacer otra cosa, pero ahora, todo el dolor no sanado, no reconocido, está emergiendo con esa falta de integración de las partes que componen el holón España. Lo más paradójico, es que ante esa alarma porque van a “romper España”, cuanto más proyectan su ira y su incapacidad sobre la parte no-integrada (Catalunya) -con su declarada buena intención de integrarla desde los parámetros Ámbar- más refuerzan eso contra lo que dicen luchar.

jueves, 30 de junio de 2016

La paradoja de la pureza victimista verde

Un millón de votantes de Podemos, el partido más Verde, no han ido a votar. Mientras tanto los disciplinados votantes Ámbar/Azul cumplen con su deber tal como les dicta su conciencia (mantener el orden y la unidad nacional de la patria), y votan al PP a pesar de los palmarios escándalos y latrocinios de sus representantes políticos.
A la espera de los análisis que se hagan de la debacle de Podemos, adelanto la hipótesis que el votante Verde se ha quedado en su casa sin votar a los que mejor podían representarlo, la coalición Unidos Podemos, por lo que caracteriza la versión insana del nivel de conciencia Verde: instalarse en la queja, el victimismo y la desconfianza a todo poder,.
Así se ratifica el mecanismo de la profecía autocumplida: los políticos y los que tienen poder son intrínsecamente perversos (a diferencia de mi, que como me paso el día criticándolos y quejándome de lo malos que son, con eso demuestro que estoy en el lado de los buenos). Así con mi acción política permito que gane de nuevo esa derecha con su desvergonzado historial, con lo cual mi ego Verde se verá reconfortado para poder continuar quejándome y cargarme de más razón en mis despotriques contra los políticos corruptos y mentirosos que nos gobiernan. El narcisismo como práctica política.
 El problema es que la estructura Ámbar/Azul que ha ganado gracias a esa paradoja Verde, se ve sobrepasada para gobernar la complejidad en la que estamos instalados, con lo cual refuerza su veta autoritaria (y corrupta), el Ámbar/Azul insano. Por otro lado la ingenuidad verde, con ese exacerbado narcisismo de sus votantes, todavía es más impotente para alcanzar el gobierno. Parece que entramos en un periodo en que la evolución, desde el nivel del gobierno (no en la cultura y la academia, donde lo Verde sí tiene poder) tendrá que venir de los aspectos sanos de Ámbar y Naranja, pues lo Verde ha certificado su fracaso y su impotencia en estas elecciones, a pesar de la esperanza que había suscitado

miércoles, 22 de octubre de 2014

Soberanismo de 2º Grado; Asociación Súmate y las proyecciones unionistas etnocéntricas

Nota: En la Teoría Integral se habla del 2º grado cuando se pasa del nivel de conciencia Verde pluralista-sensible al Amarillo/Esmeralda, en que se alcanza la comprensión de que todos los niveles anteriores son válidos pero parciales. En los niveles de 1º grado, hasta Verde, se toma el propio nivel como el único admisible y se rechazan los demás.
Quizás sea atrevido hablar de niveles de 2º grado en una controversia tan pasional como el proceso soberanista. El tiempo pasa, y el nivel de agresividad e incomprensión se mantiene e incluso aumenta. El lanzamiento de proyecciones al “otro” no se detiene. El mecanismo de proyección consiste en ver algo desagradable del otro que también forma parte de mí, pero activo este mecanismo precisamente para evitar sentir eso tan desagradable en mí mismo
Desde este punto de vista, el análisis de proyecciones se vuelve muy interesante para rastrear la sombra colectiva de cada posición, tanto la unionista como la soberanista (que traté de explorar en el último post). Desde que empezó este proceso, los medios unionistas que se auto-perciben como los que más “aman a España” no han escatimado insultos y descalificaciones, cuyo blanco principal ha sido el President Mas. Las más gruesas –“ha perdido el juicio”, “nazi”, etc.- son una buena muestra del nivel Azul/Ámbar de quien las emite. Recordemos que este nivel se denomina “mítico-pertenencia” porque considera que hay un BIEN incuestionable (en este caso, la unidad de la Nación española forjada durante siglos) que exige acatamiento por parte de la comunidad de creyentes. El desafío a ese BIEN absoluto sólo puede venir de una maldad también absoluta; por tanto el desconcierto del devoto ante semejante órdago es tal que, antes de revisar el objeto de su credo –ese BIEN que ha sido la Nación española unida-, con el dolor desgarrador que conllevaría reexaminar su creencia absolutista y permitir que emerjan las sombras de ese amor a su Nación, prefiere evitar tal comprobación juzgando al que osa cuestionar el dogma como un loco o un malvado total: un “nacionalista” perverso, equiparable a los nazis. No se trata tanto de que su oponente sea malo como de intentar no sentir el dolor de descubrir su ser identificado con una imagen que se tambalea
Sin llegar a descalificaciones tan tremendas, otra de las más repetidas desde el unionismo es la de que Mas “engaña a los catalanes”. Con lo cual se está atribuyendo al President de Catalunya una grandísima habilidad de convencimiento que debe correlacionar con la grandísima credulidad (o “adoctrinamiento” que dicen los medios unionistas) del pueblo catalán. Los datos sin embargo muestran que éste ha sido un proceso que ha ido desde la calle, sobre todo a partir de las grandes manifestaciones sin parangón en Europa desde 2010, hacia arriba, hasta los políticos, que en general se han sentido incómodos con tensiones y desgarros en casi todos los partidos. Incluso aunque esta acusación unionista de adoctrinamiento fuera cierta, como estrategia es extremadamente torpe y también ingenuo y arrogante –por eso deducimos que hay una sombra actuando- el tildar a un pueblo de crédulo y de adoctrinado, y confiar que así esa parte descarriada de nuestra Nación se dará cuenta, cambiará de opinión y finalmente verá la Verdad. Esa verdad de que “unidos (la Nación española unida –e uniformada) somos más fuertes y nos va mejor”; una verdad que para quien no la reconozca es la prueba de su adoctrinamiento.
Esta acusación tan popular está dando por supuesto que un líder, un jefe político, tiene un gran poder sobre su pueblo. Volvemos a encontrar aquí otra característica del nivel de conciencia Azul/Ámbar, mítico-pertenencia, cuyo eje central se basa en la obediencia a lo que decida la autoridad superior y el sometimiento a las reglas sobre el bien y el mal: El pueblo no tiene criterio, ni lo necesita, puesto que el BIEN ha sido tan claramente establecido desde arriba que, cuando el líder decide, el pueblo acata. Volvemos a encontrarnos con la estrategia para evitar sentir el dolor de revisar esa Verdad con la que había construido mi identidad al identificarme con ella: Ante el desafío inconcebible al BIEN absoluto de la indisoluble Nación española, construyo la explicación del adoctrinamiento por los malvados líderes catalanes, que así tratan de tapar sus chanchullos con la senyera y su nacionalismo egoísta. (Y por supuesto que esta acusación tiene fundamento, como ha demostrado el “caso Pujol”. Sin embargo ésa es la astucia del mecanismo de proyección: la acusación “al otro” está fundamentada, pero aun así tiene más relación con el que la lanza que con el que la recibe) 
De todas maneras, hay una entidad que todavía ha recogido más insultos y descalificaciones que el President de la Generalitat, me refiero a la Asociación Súmate, que junto con l’Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural han sido las que desde la sociedad civil han organizado la movilización popular en favor del proceso soberanista. Lo particular de esta asociación es que está formada por gentes que han nacido fuera de Catalunya y en su apoyo al soberanismo reivindican sus raíces españolas. En su web dicen:
Nos sentimos orgullosos de ser quien somos, de nuestra tierra. No vamos a renunciar a nuestra identidad, a nuestra cultura ni a nuestra lengua. Y no lo vamos a hacer en el futuro. Porque queremos un país abierto, diverso y rico, donde quepan todas las identidades. Cataluña ha demostrado que somos un solo pueblo, sin fracturas ni rupturas, sin renuncias.
Cataluña, la Cataluña que hemos construido entre todos, tiene ante sí un gran reto. Todos los que formamos parte de este país tenemos la oportunidad histórica de cambiarlo. Por eso defendemos nuestro derecho a decidir. Y decidir nuestro futuro depende de todos.
No queremos que tutelen nuestro futuro, ni los políticos de allí ni los de aquí; es la sociedad civil, somos todos, la que se está moviendo para cambiar las cosas.
Se trata de un soberanismo que no se fundamenta el nacionalismo (catalán) ya que reivindican sus raíces españolas, una opción política que no no parte de cuestiones identitarias sino de revindicar una redistribución de soberanía, separando la cuestión de la nación (interior colectivo) y la del Estado (exterior colectivo), algo que el unionismo Azul confunde y lo mezcla. Como dicen “no importa tanto el origen como adonde queremos ir”. Por eso me atrevo a calificarlo de 2º grado, adentrándose en el nivel Amarillo/Esmeralda de la Dinámica Espiral. Al menos no he leído ninguna propuesta política que se aleje tanto de lo identitario, que es lo que alimenta lo más regresivo del espectro. Incluyen lo Azul con su noción del deber: “estamos comprometidos con nuestra tierra de adopción, la de nuestros hijos”. Incluyen lo Naranja logro-racional (dominante en el soberanismo): “Queremos un Estado eficiente que esté a nuestro servicio”. E incluyen lo Verde sensible-pluralista “No importa la identidad de origen, nuestro objetivo incluye todas las sensibilidades
Por internet hemos leído una buena colección de improperios. Su antiguo paisano, el Presidente de Extremadura, dijo “es de psiquiatra, padecen síndrome de Estocolmo”. Otros insultos han sido “como judíos que colaboraron con los nazis”, “hacerse perdonar que son charnegos”, “locos”, “tontos”, “acomplejados de ser españoles”... Las descalificaciones no sólo les vienen de la derecha, sino también de escritores progres como Almudena Grandes entre otros.
La ira suele ser una reacción ante la invasión o la rotura de algo que considero mío. En este caso ¿Qué hay debajo de esa irritación que suscita Súmate? ¿Qué se rompe internamente en tantos interlocutores que lanzan contra Súmate tamaña catarata de descalificaciones? Ahí se detecta un relato que más o menos vendría a decir “la pérfida burguesía catalana, además de explotar económicamente al pobre emigrado español, encima le hace renunciar a su cultura y le obliga a hablar catalán...” Ya hemos visto que para ahorrarse examinar la propia creencia sobre cómo se ha construido la Nación española, el nacionalista “malo” siempre es “el otro”: egoísta, etnocéntrico, opresor… A este relato se le añade una dosis de paternalismo disciplente, muy típico entre “progres” e intelectuales: “esos buenos proletarios, inocentes e incultos, alienados por esa burguesía nacionalista que nadie se atreve a denunciar (excepto yo, que soy más listo y me doy cuenta)”. El relato se remata con buen tremendismo identitario para excitar las emociones: “Los separatistas pretenden convertir en extranjeros en su propia tierra a la mitad de la población. Quieren hacer elegir a los niños entre papá o mamá, entre Catalunya o España”. 
Este relato, necesariamente caricaturesco por el espacio que disponemos, junto con los insultos arriba reseñados, vuelve a ser una muestra del nivel de conciencia Azul/Ámbar mítico-pertenencia basado en identidades inamovibles y la lucha sin componendas del Bien contra el Mal. Desde ahí ya se da por establecido qué es un buen español, cuyo deber es sostener en todas partes esa identidad otorgada desde arriba –desde el Estado, la Historia, la Nación, etc. Los catalanes, con eso de tener otra lengua (igual que los demás “nacionalistas” periféricos) siempre han sido un problema para hacerlos encajar en esa identidad nacional española, la “buena” e indiscutible; Ahí encontramos la sombra de la identidad nacional española. Pero lo que para la conciencia mítico-pertenencia ya resulta inconcebible -y de ahí la irritación y los insultos contra Súmate- es esa traición de unos españoles de origen “bueno” que dejan de identificarse con esa identidad de buen español,  con ese “ser” que les asignaba la conciencia Azul/Ámbar (puesto que ya han subido a un nivel Verde o incluso Esmeralda/Amarillo). Traición aquí significa que empieza a dejar de tener sentido aquel popular relato identitario de los nacionalistas “malos” y falsos (“esos burgueses catalanes que inventan mitos para seguir con sus privilegios”) contra la Nación buena y verdadera –España-. Para los que todavía mantienen su visión del mundo basada en los relatos sobre la identidad nacional, ese relato se les resquebraja y el suelo empieza a movérseles debajo de los pies. Que tu creencia se tambalee, que tu visión del mundo quede desmentida, es experiencia muy desagradable, por eso es más fácil reaccionar contra el traidor que no se comporta conforme a lo que establece nuestra identidad, y no tan fácil reexaminar los fundamentos de esa creencia identitaria y aceptar su fragilidad. 
La Teoría Integral dice que los niveles de abajo son más estrechos y los de arriba más amplios e inclusivos. Por eso, cuando el sentido del Yo o del Nosotros se deriva de los niveles más inferiores de la Espiral, más miedo hay y más se activan los mecanismos primarios de agresión o huida (fight or flight). Es algo análogo a la famosa Pirámide de Maslow. Quedarse “enganchado” al nivel de la seguridad o de la afiliación demanda mucho esfuerzo para preservar mi identidad, cuanto más arriba más ligero y más libre. Desidentificarse de cada nivel, o simplemente experimentar su fragilidad, es una experiencia dolorosa. La Teoría Integral habla de “muerte (al nivel que estoy) y trascendencia” para poder ascender al siguiente nivel superior. 
No olvido que hay un Unionismo en otros niveles por encima de Azul/Ámbar. Sin embargo mantengo mi tesis de que ése es su nivel dominante con su miedo a mirar realmente cómo ha construido la identidad nacional española y con su dificultad para abrazar la fragilidad de esa identidad (“no se puede votar!”), reconocer sus sombras y librarse de su anhelo de solidez ante el desafío soberanista.
La resistencia, la ira, el miedo, la sombra o el anhelo de solidez no es patrimonio exclusivo ni del unionismo ni del nivel Azul, por supuesto. Basta mirar la crispación que en todas partes se ha activado con el soberanismo. En estas polémicas, la posición de Súmate es la más evolutiva de todas las que he podido situar en la Dinámica Espiral

miércoles, 17 de septiembre de 2014

¿A donde "va" Catalunya si consigue la "independencia"?

Hace unas semanas me encontré con un conocido, viejo militante de la causa independentista (no hay tantos de estos, la mayoría se ha hecho independentista últimamente). Le conté que acababa de empezar un blog sobre el tema soberanista aplicando la Teoría Integral.
-Ah. Parece muy interesante lo que me cuentas
-Lo estoy escribiendo en castellano
-¿Y por qué lo escribes en castellano? [él sabe que yo simpatizo con la causa soberanista y colaboro con iniciativas culturales catalanistas]
-No tengo tanto interés en convecer a los convencidos (del soberanismo) como en llegar a muchos otros que no entienden o malinterpretan lo que está pasando
- ¡Tú escribiendo en castellano!
-Pues claro. En función de lo que me interesa uso la lengua que me convenga
Entonces me replicó entre risas con sorna: “No, si al final nos independizaremos y nos vamos a encontrar con el mismo país que teníamos antes
Me pareció una respuesta ingeniosa que tiene mucha miga. Refleja muy bien una sombra del soberanismo. Hay un soberanismo Azul/Ámbar que rechaza lo español. Tiene un fuerte componente romántico, de la ancestral Catalunya incontaminada por la opresión española. Por supuesto, desde el lado unionista se replica: “aunque no querais, aunque lo negueis, sois españoles”. Con lo cual, este romanticismo soberanista insiste con más vehemencia en asociar “lo peor” (corrupción, chanchullos, incompetencia, prepotencia, autoritarismo y hasta fascismo) con “lo español”. Hay que mantener la máxima distancia posible con semejante calamidad. Los hashtag “marxem , mejor vecinos” refleja bien esta mentalidad, además con twits que tienen bastante sentido del humor.
El mecanismo de proyección, esto es, atribuir “al otro” algo propio que no puedo ver en mi porque me resulta desagradable (la sombra), funciona de manera muy inteligente. Cuando acuso “al otro” de algo, habitualmente la inculpación tiene fundamento. Es fácil encontrar pruebas que sostengan la acusación contra ese otro. Lo verdaderamente difícil es ver ese defecto equivalente en uno mismo. Y cuanto menos lo veo en mi mismo, con más vehemencia acuso a los otros.
A veces observo una buena carga de romanticismo en el soberanismo: “nos separamos de España y así nos libraremos de todo lo malo que padecemos en política por no disponer de Estado propio”. Por supuesto hay muchas pruebas que avalan la tesis que el Estado español no sirve a los intereses de Catalunya. Sin embargo parece que se esté repitiendo como un espejo la vieja mitología del Estado-nación, que es donde se halla atrapado ese unionismo incapaz de ofrecer al soberanismo una respuesta que no sea la amenza.
Repito la perogullada de que vivimos en una sociedad global. Esto quiere decir que los problemas políticos verdaderos son globales: cambio climático, migraciones masivas, globalización económica, etc. Los estados-nacion de los últimos siglos no sirven para dar una respuesta eficaz a esos problemas. Ni el Estado español, ni el futuro Estado catalán. A solas no pueden, por eso se articulan las unidades políticas supraestatales como la UE, la ONU, el FMI o la OMC. Las dos últimas completamente antidemocráticas; sus decisiones afectan a millones de personas pero no rinden cuentas.
Si el proceso acaba tal como pretende el soberanismo, al final de la carrera nos encontraremos que la Generalitat, como Estado, tendrá su ministerio de exteriores, de hacienda y de defensa, de los que ahora carece. Seamos “independientes” o no, los catalanes continuaremos sometidos al FMI y demás entidades supraestatales. En el post anterior hablamos de la diferencia entre nación y Estado. En la jerga integral, la primera pertenece a lo colectivo interno y el segundo a lo colectivo externo. Se puede analizar objetivamente que competencias debe tener el Estado y por donde cede soberanía (hacia arriba, por ejemplo, con la moneda común).
Las pasiones que levanta el proceso soberanista no vienen por esta cuestión objetiva del Estado, de como se reestructran sus competencias, sinó por el tema de la Nación. Ahí está la sombra colectiva que enciende las pasiones ante la “rotura de España” o la “independència i llibertat” de Catalunya. En siglos anteriores conllevó masacres y guerras civiles.
El debate sobre el Estado, como se ha visto en el referendum escocés, se puede hacer con bastante objetividad: poniendo las cifras sobre la mesa y discutiendo cual será la mejor opción. El debate sobre la nación es un wicked problem que no tiene solución desde la altura Azul/Ámbar mítico-pertenencia.
Las ilusiones de que con un nuevo Estado nos vamos a librar del “mal” pueden dar fuerza emocional al proceso político –como la está dando a sus oponentes, si observamos su agresividad contra los que “pretenden romper España”. Sin embargo Catalunya es como es, con su variedad de gentes y de idiomas, con su cuota de corruptos, con su impotencia –como cualquier otro país- para enfrentar a solas los desafíos de la sociedad global. En otras palabras, después de la “independencia” los problemas van a ser casi los mismos. Por eso me pareció que la sorna de mi amigo con que “nos vamos a encontrar con un país igual, después de independizarnos” era más acertada de lo que él pensaba. Aún así, a pesar de ese esfuerzo tan descomunal para un cambio tan pequeño, tal como se está llevando este proceso soberanista, pienso que es un movimiento más evolutivo que el unionismo vigente, regresivo y anclado en Azul/Ámbar.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Nación y Estado

Desde este blog no pretendemos ampliar los análisis sobre el tema de la nación y el Estado, puesto que ya cuenta con una bibliografía importante. Para acotar este tema confuso me serviré de estas definiciones del diccionario de la RAE:

Nación

3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

Estado

5. m. Conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano.
Desde el catalanismo, y más ahora con el soberanismo, siempre se ha diferenciado entre nación –catalana- con su lengua propia, su historia, indiosincrasia etc,- y Estado –español- estructura jurídica que gobierna al pueblo. Desde el lado unionista se habla de la nación española, algunos historiadores la remontan a la hispania romana, otros a la Reconquista, otros al matrimonio de los Reyes Católicos... la cuestión es que consideran España una nación que engloba diversos pueblos, regiones, etc.
La Teoría Integral habla de realidades individuales y colectivas, y también interiores y exteriores (objetivas). Esto nos proporciona lo que denomina los cuatro cuadrantes
Desde ese mapa podemos situar a la nación dentro del cuadrante inferior izquierdo y al Estado en el inferior derecho. El inferior izquierdo se refiere a que todo yo (superior derecho) forma parte de un “nosotros”, una conciencia grupal intersubjetiva, en un sentido más amplio, una cultura. El “nosotros” también tiene una faceta exterior en el inferior derecho, una dimensión social con formas de conducta exterior que se pueden estudiar objetivamente con ciencias como el derecho, la sociología y más. La visión evolutiva de la Teoría Integral dice que el inferior izquierdo, la cultura, el “nosotros” se expande desde lo egocéntrico (“yo”) a lo etnocéntrico (“nosotros”) a lo mundicéntrico (“todos nosotros”). Esta expansión de la conciencia grupal facilita la expansión de los sistemas sociales del cuadrante inferior derecho: de los grupos tribales a las naciones y de ahí a los sistemas globales.
El proceso soberanista está levantando grandes pasiones entre sus partidarios y sus detractores. Por eso sostenemos que en esta controversia hay todavía activa una gran sombra colectiva. La sombra se refiere a las partes del yo –personal o colectivo- que no se han hecho conscientes porque llevaría a la desagradable experiencia de ver que el yo real no coincide con la imagen del yo construido. Cuanto más ideal y fantástica es la imagen que se erige de si mismo, con más ahinco luchará para evitar los sentimientos de desengaño, decepción o cosas peores que surgirían al romperse esa imagen. La psicología estudia los mecanismos de defensa –proyección, negación, racionalización…- que usa el sujeto para no tener que tomar contacto con esos aspectos dolorosos que la sombra inconsciente trata de ponerle delante.
Estos mecanismos de defensa también se dan en el sujeto colectivo. La proyección es de los más típicos en política: “vosotros sois los malos, violentos, corruptos, ladrones…” –y cuanta más violencia o codícia no reconocida tenga en mi mismo, con más pasión necesitaré denunciar a los violentos o codiciosos que encuentre enfrente mío. El grado de proyecciones que está generando el proceso soberanista me deja asombrado, si tuviera más tiempo podría dedicarle una sección diaria.
Según la Teoría Integral, el Estado es un tema colectivo exterior, objetivo. Lo que viene a proponer el soberanismo es una reorganización del Estado para que el gobierno de Catalunya tenga su propio ministerio de exteriores, defensa, hacienda y competencias exclusivas en los que ya tiene, subsumido bajo la Unión Europea. Este proceso político será viable o no, lo veremos los próximos meses. ¿Por qué tanta pasión por ambos lados? La pasión viene por el lado de la nación, no del Estado. ¿Qué es una nación? ¿España es una nación? “No. Lo es Catalunya” responden unos. ¿Catalunya es una nación? “No. Lo es España” responden los otros.
La conciencia etnocéntrica Azul/Ámbar se identifica con “mi grupo”. Negarle esa identidad es una experiencia terrible. Esa identidad etnocéntrica se puede negar e incluso aniquilar por la fuerza, como se ha visto tantas veces en la historia: “Convertiros a nuestra religión u os cortaremos el cuello por infieles” “No sois tibetanos, sois chinos” “no sois saharauis, sois marroquíes…”. Esa identidad también puede quedar negada no por un acto de fuerza sinó porque se resquebraja la imagen que uno había construido y con la que se identificaba. Esto es lo que hacía Sócrates con sus interlocutores, que los dejaba descolocados; O Jesús con los más “buenos y puros”, los fariseos. En lo colectivo, se dice que a los EEUU se les rompió su autoimagen de “los mejores”  en los 60 con el asesinato de Kennedy y con sus atrocidades televisadas de la guerra del VietNam. Sea por un acto de fuerza externa, o sea por una evolución interna, la rotura de la imagen con la que se ha construido la identidad es una experiencia dolorosa, y se invierte mucha energía para evitar tal experiencia. La jerga integral llama “desidentificación” a este proceso de evolución interna, previo al trascender e incluir en un estadio evolutivo superior.
Los partidarios de la “Nación Española” evocan los siglos de esfuerzo que ha conllevado construirla. Creo que tienen toda la razón, y por ahí se puede entender su pasión en defenderla y su angustia ante la amenaza de su rotura. Sin embargo no recogen para nada que esos “siglos de esfuerzo para construirla” incluyen un pasado de violencia, de crimen y de negación de lo diferente que tiene poco parangón en la historia europea, a pesar del historial sangriento con el que también se construyeron otras naciones europeas. El esfuerzo y la energía por negar ese pasado criminal es descomunal. De ahí también la infatigable tarea de proyección. Cuando hace un par de años el proceso soberanista cogió vuelo, el asombro de los medios unionistas fue tal que al principio sólo supieron calificar los soberanistas de “locos” o “nazis” para arriba. Curiosamente, esos partidarios de la Nación Española se denominan a si mismos no-nacionalistas, puesto que consideran que el “nacionalismo” es algo malo (cosa de nazis) y, por tanto, sólo “los otros” (vascos, catalanes…) son nacionalistas, los que desafían la Nación (-Estado) español. Es un buen ejemplo de proyección. Lo grave es que mientras se lanzan las proyecciones “al otro”, el diálogo para llegar a acuerdos se vuelve muy difícil, y aún se vuelve más dificil cuando cuando las propuestas nacen desde diferentes niveles de conciencia: Azul/Ámbar, Naranja o Verde, que no saben reconocerse entre sí, tal como escribe Ken Wilber en el texto reproducido arriba a la derecha.